Un pedacito de la vida de Andrea Rios, Consejos para la vida

Hoy les dejare la historia de una seguidora nuestra, ella nos dará algunos consejos para la vida, para tener una vida plena y saludable, en paz y armonía con nosotros mismos y los que nos rodean; leamos con atención la historia de Andrea Ríos.

consejos para una vida mejor

Hola amigas y amigos de curvas y personalidad arrolladora, esta es la tercera vez que escribiré sobre la idea que me inspiró y ya no recuerdo bien como fueron las anteriores así que sólo me dejaré llevar y que la musa inspiradora haga el resto.

He estado pensando en la cantidad de mensajes negativos a los que nos enfrentamos en estos días, debo confesar que vivo adentro de una burbuja pues he dejado de ver noticias, leer o escuchar sobre las mismas, tantas imágenes impactantes y negativas solo me entristecen el espíritu y me roban el impulso que se merece esta vida. Y en éstos momentos en los que estoy enfrentando un gran proyecto es vital tener positividad y gente que acompañe con buena vibra y energía porque sino el desgaste es mayor.

Tengo la costumbre de hacer un cierre de caja con balances de suma y saldo para ver las decisiones correctas que he tomado, y las que debo evitar y/o modificar para mejorar mi persona, las situaciones que me rodean y las cosas que quiero atraer; a veces tengo que hacer cambios difíciles según el momento que atravieso y luego de un tiempo descubro que en realidad no era tan complejo como lo sentía, pero hay que pasar dicha transición. Mucha veces hay que dejar cosas que amamos, o conductas que sentimos propias, ideas que nos obstaculizan o relaciones que nos acompañaron un cierto tiempo, pero en el momento del cambio vemos que no nos aportan para seguir evolucionando… y con el corazón partido les decimos “gracias y hasta pronto”. El maravilloso secreto de la re-significación me ha ayudado a resolver viejos resentimientos que en caso de seguir allí sólo me enfermarían, además de cerrarme el mundo de las bendiciones.

Motivacion

Quiero compartir con ustedes dos situaciones que en su re-significación o nuevo enfoque dejaron de ser lastres de dolor y humillación y pasaron a ser motores de propulsión en mi maravillosa y nueva “yo”. Quizá lo que les diga ya lo  han escuchado en programas de auto-ayuda, libros, revistas, etc, pero desde el momento en el cual las he tomado y decidí probarlas por mí misma me he apropiado de su conocimiento y me adueñé de sus resultados; me gusta invitar a todos con quienes hablo a incorporarlo en su vida y con un poquito de trabajo ver la “magia” transformadora que produce su vivencia. Sin más vueltas aquí va mi historia:

Hacia mis 12 o 13 años un señor de mucha confianza para la familia, casi como un tío, abusó de mí, por suerte o bendición la llegada de su hijastra; quien era amiga mía; evitó un daño mayor, pero la situación fue lo bastante chocante como para traumarme y dejarme fuertes secuelas psicológicas que pronto afloraron en mi conducta y en mi cuerpo. Yo tardé unos 4 años en descubrir que la situación había sido abuso de confianza por no haber tenido contacto sexual explícito, por lo que la sensación de impotencia y culpa fue mayor; si bien una vocecita interior me dijo que saliera huyendo y no volviera nunca más, mi entendimiento aún era muy inocente. Fui consciente del hecho después de saber que el mismo hombre había hecho algo similar con otra niña más pequeña. Yo había engordado mucho y cubriéndome de grasa creí protegerme de toda posibilidad de algo semejante, además de rechazar mi cuerpo por ser una niña con curvas voluptuosas y precoces, mucho tendría que trabajar para no sentirme culpable por tener mi cuerpo exuberante o mi carácter simpático, que al principio culpaba por provocar a los hombres; me había masculinizado tanto en la ropa y en el carácter que ya no sabía quién verdaderamente era yo, no tenía comunicación con mis padres, pues además de estar atravesando la complicada adolescencia en cierta forma los culpaba por no haberse dado cuenta de lo que me había sucedido. Se lo conté por carta pues era humillante para mí y como ya les dije no podía dejar de culparme; después de hacer terapia pude ir zanjando de apoco el abismo comunicacional, y ellos pudieron acercarse a mí, pude ver su apoyo y su desesperación así como la impotencia por no haberme protegido y no haberse dado cuenta para hacer algo. mi desvalorización llegó a ser tanta que me volví un tanto promiscua, y aun después de encontrar mi primer amor adolescente la inseguridad del trauma de confiar y que abusen de ello me seguía persiguiendo.

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Me di cuenta que si no probaba no iba a poder superarlo, así que me dediqué a conocer personas y contarles mi historia para ir de a poco re-significando, descubrí que ganaba más confiando que desconfiando, porque si bien me crucé con personas que no valoraron mi amistad; también descubrí muchas otras que me amaron más allá de lo que tenía de negativo, de cómo me veía o de lo que incluso yo vendía por no poder reconocerme en el personaje que me había creado.

Contar mi caso también me llevó a descubrir otros muchos peores, empecé compartiendo experiencias e inventando herramientas, intercambiándolas y encontrando estrategias. Igual fueron necesarios unos 10 años para que tomara el coraje de denunciar a éste hombre y así poner mi granito de arena para que otro inocente no tuviera que pasar por lo mismo, la sociedad supiera quien era realmente esa persona, y por sobre todas las cosas hacer el trabajo del perdón: Perdón para ese hombre que al principio veía como una basura que me arruinó la vida, pero cuya experiencia me hizo conocer una situación, tener un aprendizaje y trabajar el problema para ser útil para otras personas que pasaron por lo mismo; perdón hacia mis padres a quienes lo hacía culpables y al ver su situación desde otro enfoque y ponerme en su lugar tratar de comprender que hicieron lo mejor que pudieron con los conocimientos que tenían; y por sobre todas las cosas perdonarme a mí, por haberme culpado de provocar algo que no era responsabilidad mía sino con una desviación o depravación de una persona enferma, que mi cuerpo a pesar de haberse desarrollado antes y en mayor volumen que las nenas de mi edad no era culpable sino que era una bendición, porque era una niña sana, plena, bella y hermosa de manera auténtica con recursos para poder superar esa situación y sacar provecho, podía usar esta experiencia negativa y transformarla en combustible para los motores de una vida felíz.

Por supuesto que me costó y al principio era más el odio lo que salía de mis perdones, pero se volvió rutinario y logré finalmente poder ver desde el enfoque de una persona enferma, no entiendo ni entenderé el porqué, no los justifico, ni estoy de acuerdo con lo que hacen, pero no pienso dejarle mi energía a los malos recuerdos para que me inunden el alma con cosas negras y me acarreen dolor y sufrimiento, no quiero resentir toda mi vida por algo que no pude evitar, lo tomaré y trataré de darle un giro para que esa energía deje de ser destructora y comience a ser creadora y generadora.

Quise compartir un pedacito de mi vida porque a veces cambiando o modificando una pequeña arista de la misma nos cambia de forma radical muchas otras cosas; y si bien es más cómodo quedarse en la queja o en la victimización porque una/o se acostumbra a ello, es una idea y las ideas se cambian, se regeneran, y con ellas nuestra forma de ver y vivir la vida. El cambio en mí, en mi forma de verme de valorarme, ha modificado la mirada de los demás, me ha abierto el canal de comunicación con mis padres y con muchísimas personas con las cuales he compartido y aprendido mucho. por eso amigos míos aunque hay un millón de cosas para trabajar lo bueno es empezar por algo, ojalá les aproveche tanto como a mí, con mucho amor.

Autora: Andrea Rios

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